top of page
IMG_20260218_142653.jpg

Especial/A 100 años del movimiento cristero
Serie: procesos políticos contemporáneos
Sub serie: Cristeros

Cristiada

Testimonio: Basílides Galván y Antioco (BG)

Lugar: Apaseo el Alto

Fecha: 16 de agosto de 1993

Recopilación: Ada Marina Lara Meza (AM)

Transcripción: Ada Marina Lara Meza

​​

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato.

logo lab bicapa 3db.png

AM: Y del tiempo de los cristeros, don Basílides, no se acuerda si los padres ¿cerraron el templo o no celebraban misas?

 

BG: Bueno, vino la persecución de la iglesia, la persecución de cultos. Aquí el padre Ramos ¿tú lo conociste? ¿te acuerdas?

 

CR: ¡Sí! como no.

 

BG: El padre Ramos aquí estuvo lo teníamos aquí, bueno. Entonces, resulta que, este padre pues como los andaban persiguiendo, y los andaban tratando de encontrarlos celebrando misa; al padre que encontraban celebrando misa no se escapada lo mataban, sí. ¿Toño te acuerdas?

 

CR: Sí, aquí en la fábrica.

 

BG: Mira ese padre que le digo, aquí llegó a servir, aquí en una fábrica una casa que nomás la fábrica y sí, allí celebraban misa a escondida. El padre, aquí don Policarpo mi suegro, aquí también lo tuvo unos días en el…

 

CR: ¡Y siendo ejidatarios!

 

BG: ¡Y siendo ejidatarios! y los cristeros, ejidatarios.

 

CR: Y decimos que, por qué, no nos explicamos por qué venían buscando a los ejidatarios. Yo creo que por apoyo de los hacendados o yo no sé.

 

BG: Si, sí algo así llegó de parte algo así venían, sí. Entonces este, pus ya en la tarde ya lo andaban buscando, y fíjate que estuvo unos días celebrando en casa de mi suegro, de los primeros ejidatarios, mi suegro.

 

AM: ¿Cómo se llamaba su suegro?

 

BG: Policarpo Jiménez, [ríe] Policarpo.

 

CR: Iba platicando nomás ahí viendo y platicando. Nomás que estaba hablando el padre Ramos…

 

BG: Sí, sí corríamos…sí como no. Exactamente el padre duro muchos años, y aquí murió se fue un tiempo y luego regreso y aquí murió, aquí están sus restos del padre Ramos de los que, de los primeros de aquel tiempo. Bueno, entonces ai estaba el padre [inaudible] aquí pus, aquí lo cuidamos a escondidas en una parte y en otra, ahí en la casa estaba parado [inaudible]…

CR: Bueno, yo estaba chico más bien [inaudible].

 

BG: Lo exoneraron pos sí, su papá de él…

 

AM: ¿Quién?

 

BG: Este don… su papá de Inés…

 

CR: El papá de Inés Paredes.

 

BG: Se llama Genaro…

 

AM: Se llama Genaro Paredes.

 

CR: Ése dicen que sí, anduvo.

 

AM: ¿Con los cristeros?

 

BG: Sí, este…

 

CR: Pero Inés no estaba, él estaba chico.

 

BG: Donato García también.

 

CR: ¡Donato García!

 

AM: ¿Él también se fue con los cristeros?

​BG: Sí, también muchas personas de aquí sí se fueron nomás que pus después lo negaron.

 

CR: ¡Y los que nos platican!

 

AM: Sí, que eran de aquí de Apaseo y se fueron.

 

BG: Nomás que después lo negaron, y unos por ai sí, lo platican. Pedro Paredes también me platicó que una vez lo querían fusilar o así veda. Así dicen, algunos se han tenido que ir, y aquí dicen que…

 

CR: Sí, pero eso ya fue como venganza como ya les habían dado armas al ejido como venganza. Pos bueno, aunque no tuvieran, de todos modos, le tomaron cierta venganza de los que sabían.

 

AM: Pero los que se fueron ¿no eran ejidatarios?

 

BG: No… Mire, entonces después le estaba platicando de mi hermano, que se fue con el padre Ramos, que no se supo en donde estaban era secreto, era secreto se lo llevaron allá pa su rancho allá, entonces se llevó a mi hermano [inaudible] pero no supimos a dónde, porque no nos dijeron a donde, porque era a escondidas, no nos dijeron a donde… Nosotros supimos aquí de mi hermano y del padre donde estaban como hasta los tres meses que vino uno del rancho allá de los peones. Ya nos platicó a mi papá que no tuviéramos pendiente de mi hermano que estaban bien todos.

 

CR: Porque él desde chico entró de acolito. Por eso andaba con él y Nabor Lara también dicen que anduvo en ese tiempo.

 

BG: Sí, después de que estuvo algún tiempo con el padre… fíjese nomás mi hermano. Estaba un sacerdote de profesor, entonces todo ese tiempo lo tuvo de profesor. Mira en la mañana se iban en la noche iban a quedarse al rancho, al Cerro del Chivato, ese cerro que está aquí cerquita ¡alto! que está picudo así, se iban a la falda del cerro o por ahí algún lugar que escogían ahí a pasarse allá el día. Desayunaban [inaudible] en el Cerro del Chivato ahí se la pasaban todo el día dándole clases a mi hermano, un sacerdote, fíjese haga favor, ¡todo el día se la pasaba allí! estudiando y estudiando. Fíjese, pus por eso mi hermano aprendió. Claro yo no tuve escuela qué hacía.

         Entonces, pues que llegó un día en que se abrieron los cultos, los cultos en el templo, ya se regresó el padre aquí al lugar empezó a dar misas.

 

AM: Y mientras estuvieron cerrados don Basílides, cuando se fue el padre ¿quién se quedó encargado de celebrar misa y bautizos?

 

BG: No, pus aquí, aquí no se hacían pues, quién hacía esos bautizos aquí.

 

AM: ¿No había quién?

 

BG: No, no

 

CR: Pos era el único sacerdote.

 

BG: No pues [inaudible] ya regresaron de allá, ya al templo. Entonces el padre Ramos, entonces puso a mi hermano de notario…

 

AM: Pero cuando no estaba el padre Ramos, entonces no había quien celebrara misas. Y la gente que se moría ¿la enterraban así sin celebrarle misa?

 

BG: Pos no, pus sí estaba la cosa que ni misas ni sin ningunos sacramentos con nada. Mire nomás ¡no! pasamos unos tiempos duros.

 

Fin de fragmento

Cristiada

Testimonio: Braulia Mercado Ferreira

         Lugar: Santiago Maravatío, Guanajuato

         Fecha: 1 de agosto de 1993

         Recopilación: Marta Alicia Echeverría Mercado

         Transcripción: Marta Alicia Echeverría Mercado

                                 Fátima del Rosario Aguilar Mata

​​

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato.

logo lab bicapa 3db.png

Nota: La señora Braulia Mercado, nació en 1917. Presenció el movimiento cristero en Michoacán.

 

Marta Echeverría Mercado [en lo sucesivo ME]: ¿Qué nos puede decir sobre el movimiento cristero? ¿Usted cómo lo vio?

 

Braulia Mercado Ferreira, [en lo sucesivo BM]: Pues, eran muy alarmistas, andaban sobre de uno, de la gente pues. Amenazando y mataban. Y nomás eso.

 

ME: Y, ¿cómo andaban vestidos ellos?

 

BM: Pues rancheros. Bajaban de la Sierra en caballo. Y vestidos de calzón y camisa y, su gabán y su sombrero y, su carrillera y su rifle y su pistola.

 

[Fragmento]

 

ME: ¿Y los cristeros traían escapularios, Cristo o alguna virgen en su sombrero?

 

BM: No, no, nomás así llegaba. Y nomás llegaban a las calles gritando ¡Semos los cristeros! Y ay andan. “Y salgan” Así les hablaban a las personas que estaban. Y si no abrían, se metían con todo y caballo a adentro a abrir las puertas. Eso era lo que vivió uno aquí.

 

[Fragmento]

 

ME: ¿Quién los mató, los del gobierno?

 

BM: Los del gobierno. Sí, si venían, venían mucho gobierno, así vestidos de soldaos y a caballo.

 

ME: ¿Y mataban a los sacerdotes?

 

BM: Sí, y por eso cerraron los cultos.

 

ME: Porque mataron a los sacerdotes.

 

BM: Si, mataron a los sacerdotes. Estaba entonces el padre Gregorio y él se jue a esconder. Primero estuvo escondido en el panteón y luego de ahí se jue allí donde vivía Checha, allí donde vive ahora la hija de mi tía Belem, María.

 

[Fragmento]

 

ME: ¿Los soldados lo sacaban?

 

BM: Sí, sacaban las cosas del sagrario.

 

ME: Se hacían como sacrilegios.

 

[Fragmento]

 

BM: ¡Ándale! Ahí en San Nicolás, se fueron y llegaron y se metieron a caballo [dentro de la iglesia] burlándose y se metieron pa dentro y estaba uno, mmm, no me acuerdo. ¡Ah! San Nicolás Tolentino.

 

ME: ¿Quién era?

 

BM: San Nicolás Tolentino, en unas partes está desnudo.

 

ME: ¡Ah! Es un santo.

 

BM: Un santo. Y en otras partes está vestido; y estaba desnudo, y que entraron. Hay están con tantas carcajadas, risa y risa. Y hay van los soldaos para atrás y risa y risa porque estaba encuerao el santo. Y sabe qué tanto dician: “y ahora hazme el milagro” Que sabe qué y saliendo de la puerta del templo, el caballo se cayó abierto y mató al que se venía burlando. Y luego ya, se fueron pa'l Sabino y luego allá cuando mataron, se llevaron al padre, al padre, este, Zavalita.


[Fragmento]

ME: ¿Y cuándo se querían casar o bautizar o hacer la primera comunión?

 

BM: Pos allá con el padre onde estaba escondido. Allá se iba uno, a rezar el catecismo y, a comulgar, a confesar, allá a escondidas. Decía a tales horas y bajaban de los ranchos. Y los soldados allí alrededor de la iglesia ahí donde esta todo el portal, ahí tenían los caballos y ahí estaban, ahí se quedaban ellos. En la sacristía y en todo eso andaban ellos, los soldados.

[Fragmento]

 

ME: ¿Y no le quitaban la ropa a los santos y se las ponían?

 

BM: Pues eso dicen, que en San Nicolás sí, que en el Sabino sí. Eso oyi yo decir que el Sabino, si le quitaban a las imágenes la ropa y se burlaban de los santos.

 

[Fragmento]

 

ME: Y los padres cuando los llamaban a la iglesia que...

 

BM: Sonaban la campana para que toda la gente se reuniera o rogación le dician y toda la gente iba a, a rogarle a Dios y a pedirle a la Santísima Virgen. Y le prendieron velas a la virgen de Guadalupe y a nuestro Señor lo ponían manifiesto.

 

ME: Pero ellos les decían que el gobierno quería quitar la iglesia o...

 

BM: Sí, pedían por la persecución. Nomás oía yo que decían persecución.

 

[Fragmento]

 

ME: ¿Y no sabe cómo llegaba la información al pueblo de que iba haber algo?

 

BM: No pues llegaban. Llegaban, entraban por la entrada de, viene de allá de la sierra...

 

Voz: Buenos días.

 

BM: [se interrumpe la grabación] de la entrada de Queréndaro, de la bajada de la sierra. Llegaban a caballo grite y grite nomás gritaban que ¡Viva Cristo Rey!

 

ME: ¿Y la gente qué hacía?

 

BM: Pos corrían a esconderse. Y luego como miraban que se escondían y ellos llegaban derechito donde, pues que era pues de dinero […]

 

Que nomás así llegaban gritando desde la entrada de la puerta, gritando ¡Viva Cristo Rey! Gritando de la entrada, como la venida esta, que viene acá de la Joyita y todo eso, así se hace allí. Entrando, entrando luego, luego ¡Viva Cristo Rey! Y pos ahí va la gente a esconderse pos tenían miedo. Nooo llegaban derechito a la plaza, al kiosco, ahí alrededor echando balazos.

 

[Fragmento]

 

BM: ¡Ey! Andaban buscando a don Vicente y mi hermano. Y ya estábamos allí pues ¿cuándo llegan? Pues, les dijeron donde vivían ¡y llegan! Y entran pos no había puertas, era pa'l lado de la calle, era así, nomás entrada. Y entraron y donde teníamos puerta era en la casita donde estaba mi mamá. Y entran y ya que como estabanos todos ahí oyendo ¡y que corren! Y Salvador chiquillo se va a gatas y se va bajo las calabazas abajo la cama [ríe]. Y este dicen: “onde esta aquí Vicente” Y les dice mi mamá: “nooo, no. Aquí no se yo, no esta aquí señor” “Como no, no lo escondan”. Y dicen: “¡Viva Cristo Rey!” Y ¡Viva! Diciamos todos. Y ay andan atrás de las puertas y oyen el ruido de las calabazas y le dice a mi mamá. “Acá esta un jijo de quien sabe qué” Dijo uno de ellos. Y dice mi mamá:” ¿onde esta mi’jo?” Y dice Chava: “¡acá toy!” El que entró orita, todavía se ha de acordar.

 

ME: ¿Y por qué seguían a los árabes?

 

BM: No sería porque no eran católicos. No te se decir, yo me imagino porque si, no eran ellos católicos.

 

ME: O sea que los cristeros seguían a los que no eran católicos.

 

BM: ¡Ándale! Porque ellos gritaban ¡Viva Cristo Rey! a la entrada de onde quiera, por eso es gente que, por eso les han de ‘ver puesto cristeros, porque ellos así gritaban.

 

Fin de fragmento

Cristiada

Testimonio: Enrique Acevedo Centeno

Lugar: Apaseo el Alto

Fecha: 9 de agosto de 1993

Recopilación: Ada Marina Lara Meza

Transcripción: Ada Marina Lara Meza

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato.

logo lab bicapa 3db.png

[Fragmento]

 

NOTA: La entrevista se realizó en compañía del cronista de Apaseo el Alto, el señor Antonio Mandujano y en presencia del señor Jorge Lara, acompañante de la entrevistadora. Se visita al señor Enrique Acevedo en su casa, lugar en donde se realiza la entrevista. Previo a ello, el cronista nos presenta con el informante y le explica el motivo de la visita, por lo que la grabación del testimonio no comienza con una pregunta inicial.

 

Enrique Acevedo Centeno [en lo sucesivo EA]: El otro día con Vicente Castillo estábamos platicando de eso, y tú [al cronista] ya tienes eso de los principios de lo que pasó aquí, ya de lo último ¿verdad? ya que yo ya pelie la ampliación y me la entregó el gobierno, platicando tantito de eso pues yo... el comisariado era el finado tu papá y decían aquí en el pueblo que iban a venir a matar a tu papá y a otros cuatro más que éramos cinco y en esa lista allí salía yo y... Guadalupe Ríos, y creo que José Jiménez y Joaquín López que él creo que era el profesor aquí, de los cinco que... que ellos nos traían ya listados que agarrándonos no nos la perdonaban y la señora le dijo a Tirsa “pues nombre” ... Si esa señora Tirsa le dijo, le dijo al ingeniero “anda esa voz aquí en el pueblo, será cierto o no será, pero anda esa voz”. Entonces el difunto le respondió a ella le dijo, mira sabes que ese señor que tú mencionas, ese mentado Guadalupe... este... Mancera creo, si el que venía gritando ¡Viva Cristo Rey!... ¡Ah, Florentino Montoya!

 

Ada Marina Lara [en lo sucesivo AM]: ¡Florentino Montoya!

 

EA: ¡Viva Cristo Rey y Florencio Montoya!  Y ese menta'o Florentino Montoya era el que encabezaba a la gente que iba a llegar aquí y qu’el ‘bia platicado con esa señora que le mencionaba a la señora en Celaya que estaba platicando ahí donde está la bola que ahí ‘taba el cuartel ahí enfrente y que no se lo creyó...  ¡No Tirsa – dice - ¿sabes qué?, esas son puras mentiras – dice - yo he estado platicando con esa señora que tú me mencionas”. Y entonces, le dijo a ella “mira tú Guadalupe por si o por no o por las dudas -dijo el muchacho - por las dudas madre escóndase por las dudas, pero anda esto”. Y ya yo oyendo; nomás ‘tabamos yo y el difunto Guadalupe y la esposa del difunto de tu papá [se refiere al cronista]. Y yo oyendo lo que ella...

 

         Ya cuando ella se fue que yo me fui, llegué a la casa, me dormí y en la mañana dije yo “¡ah pues ya amaneció! ya me voy a ver mi agua”... traía el riego aquí, precisamente aquí ‘onde estamos, aquí teníamos alfalfa, mi papá. Y yo venía del agua que traía regando aquí la alfalfa, en eso me encontré a un señor que salió junto conmigo ai’ en la calle esa que va pa' abajo que llevaba una carabina, no rifle ni escopeta, carabina, que la llevaba... y yo llegué y nos saludamos él iba... cruzó así y yo así [en dirección opuesta), y él gano pa' abajo y yo me vine para acá, y ya cuando que nos saludamos, yo me acuerdo que le dije: “Buenos días le dé Dios - porque nos saludamos - buenos días le dé Dios señor”. Y ya se fue caminando y yo iba trás de él, y él adelante con un burrito jalando y yo una yegüita que llevaba jalando también, pero llegué aquí la vi venía y luego se fue pa’ bajo a segarle un puñito de alfalfa pa’ echarle a la yegüita para que comiera allí, y allá andaba yo cuando que olli los gritos pensando eso, que lo que ella había dicho, dije ¡ah, Tirsa pos’ ai’ vienen ya estos que dijo doña Tirsa!”. Llegaron allá en la casa de este señor Gómez, Diego Gómez, ahí está en el puente.

 

Cronista [en lo sucesivo CR]: En la entrada poniente de la población, por ahí entraron.

 

AM: ¡En la entrada de la población!

 

EA: Ese señor tenía ahí su pila, el señor tenía su pila y sus animalitos ahí y su zacatera, y ahí vivía, Abundio Gómez hijo de él, ahí ‘taban. Y allí llegaron, y yo estaba acá en las compuertas cuando “¡ah! - dije - pues sí fue cierto de lo que dijo esta señora doña Tirsa” dije yo, porque si estos señores fueran de aquí de la Cueva, ‘ta cerquita pa’ venir al pueblo, pero... estos son de seguro. No, ya cuando dije yo que sí eran que cuando ya se despidieron de allí que se vinieron a caballo por la calle Real, como corriendo a trote no a carrera abierta, a trote, se oía el ruido de los caballos y yo ya allí... Cuando ya ollí que gritaron ¡Viva Cristo Rey y Florentino Montoya! dije “pues sí, estos son –dije – ‘ora cómo le hago yo”. Ya me iba yo a venir para acá a ver, venían dos señores de San Pedro con unos mangoche, unos taxtacalitos que hacen allí, y ya me dicen a mí:

  • ¿Qué tienen ustedes en su tierra don Enrique?

  • Pues, una gente que acaba de llegar ‘orita que están entrando a caballo y van gritando viva Cristo Rey y Florentino Montoya -dije- no sé qué gente será, eso van gritando.

  • Y qué... y usted va a ver.

  • Pues sí voy a ver.

  • Pero hombre don Enrique [en tono de asombro] pues qué pasó con usted, ya ‘tando aquí afuera, se va usted a meter a la lumbre, no señor -dice- ya no entre, pues ya usted está aquí fuera.

 

Ellos ya sabían que aquí éramos ejidatarios, porque aquí en Guanajuato San Pedro el Viejo fue el primer ejido que se dio en el estado de Guanajuato, este pueblo vecino, San Pedro el Viejo.  Y ya dije yo “pues sí dicen bien estos señores”. Ya solté mi caballo que tenía allí dándole de comer la alfalfa, me lo monté y ahí voy yo a avisar a don Pedro de Julián, que era el presidente de la Liga de Comunidades Agrarias aquí en el estado, y ya me monte en el caballo y ya iba yo caminando por la vereda para llegar a la crucita cuando "polvearon las balas" yo iba a caballo y me ‘taban tirando de aquí del Cuicillo, de aquí de lo alto.

 

AM: ¿En dónde está?

 

CR: En lo alto, en las peñas

 

AM: En unas peñas aquí atrás del pueblo.

 

EA: Sí enfrente de esas peñas, allí está el Cuicillo y allí había gente, allí era donde estaban los de aquí del pueblo. Aquí no se presentaron los de aquí del pueblo, allá estaban, para la hora en que aquellos llegaron.

 

CR: Sí, hicieron su plan de ataque mandado gente allá a las Peñas y otra entró aquí a la población.

 

AM: ¿De los cristeros o de los...?

 

EA: De los cristeros. ¡Ya tenían su plan bien formado!... donde que ya vi eso, pues ya ‘ora sí ya me dirigí a pie y solté el caballo, ahí lo dejé... en fin llegué a la presita, y llegando yo a San Pedro ‘taban saliendo de misa primera, ese día era un día domingo, y aquí los balazos. Entonces, me dicen a mi:

  • ¿Pues que tiene usted en su tierra don Enrique?

  •  Pues, allí cayó una gente gritando que viva Cristo Rey y un Florentino Montoya.

 Y ya, yo esos gritos oía, que se oían las patadas de los caballos a la hora que entraron y pues ya iban por la calle. Antonces, me dicen a mi, me dicen: “Mire váyase a ver a don Pedro de Julián y nosotros aquí vamos a darles auxilio” los de San Pedro que iban a venir aquí a darnos auxilio, aquí nuestros compañeros ejidatarios. Ya me fui. Llegué yo a casa de don Pedro, y ya andaba allá así afuera verdad, ya que le dije yo a la que iba, lo que ‘taba pasando aquí, cuando llegó Herculano García trás de mi...

 

AM: ¿Quién era Herculano García?

 

CR: Un ejidatario de aquí, él ya sabía bien como estaba el asunto.

 

EA: Herculano García dice: "ya al comisariado ya lo mataron, ya está muerto allí enfrente del templo, allí le aventaron esos señores y lo mataron, allí estaba tirado, ¡yo lo vide!  por eso me vine". Y ya entonces le dice don Pedro de Julián al chofer, tenía carro:

- ¿Tiene ahí gasolina para carro?

- sí – dice - anda bien.

-Sácatelo y vente.

Ya se fue el chofer verdad y sacó el carro ya... "súbete”, ya nos fuimos, y se iba a ir Herculano con nosotros y le dice: “usted aquí se queda, nomás me voy a llevar a don Enrique, ¡a ver a mi general a Celaya!”. Llegamos derecho al cuartel, ya el general ‘taba en su oficina ya ahí en su máquina haciendo ahí unos papeles, ya que saludaron ellos, ya se conocían, a mí no me conocía el general don este....

         Ya cuando ella se fue que yo me fui, llegué a la casa, me dormí y en la mañana dije yo “¡ah pues ya amaneció! ya me voy a ver mi agua”... traía el riego aquí, precisamente aquí ‘onde estamos, aquí teníamos alfalfa, mi papá. Y yo venía del agua que traía regando aquí la alfalfa, en eso me encontré a un señor que salió junto conmigo ai’ en la calle esa que va pa' abajo que llevaba una carabina, no rifle ni escopeta, carabina, que la llevaba... y yo llegué y nos saludamos él iba... cruzó así y yo así [en dirección opuesta), y él gano pa' abajo y yo me vine para acá, y ya cuando que nos saludamos, yo me acuerdo que le dije: “Buenos días le dé Dios - porque nos saludamos - buenos días le dé Dios señor”. Y ya se fue caminando y yo iba trás de él, y él adelante con un burrito jalando y yo una yegüita que llevaba jalando también, pero llegué aquí la vi venía y luego se fue pa’ bajo a segarle un puñito de alfalfa pa’ echarle a la yegüita para que comiera allí, y allá andaba yo cuando que olli los gritos pensando eso, que lo que ella había dicho, dije ¡ah, Tirsa pos’ ai’ vienen ya estos que dijo doña Tirsa!”. Llegaron allá en la casa de este señor Gómez, Diego Gómez, ahí está en el puente.

 

Cronista [en lo sucesivo CR]: En la entrada poniente de la población, por ahí entraron.

 

AM: ¡En la entrada de la población!

 

EA: Ese señor tenía ahí su pila, el señor tenía su pila y sus animalitos ahí y su zacatera, y ahí vivía, Abundio Gómez hijo de él, ahí ‘taban. Y allí llegaron, y yo estaba acá en las compuertas cuando “¡ah! - dije - pues sí fue cierto de lo que dijo esta señora doña Tirsa” dije yo, porque si estos señores fueran de aquí de la Cueva, ‘ta cerquita pa’ venir al pueblo, pero... estos son de seguro. No, ya cuando dije yo que sí eran que cuando ya se despidieron de allí que se vinieron a caballo por la calle Real, como corriendo a trote no a carrera abierta, a trote, se oía el ruido de los caballos y yo ya allí... Cuando ya ollí que gritaron ¡Viva Cristo Rey y Florentino Montoya! dije “pues sí, estos son –dije – ‘ora cómo le hago yo”. Ya me iba yo a venir para acá a ver, venían dos señores de San Pedro con unos mangoche, unos taxtacalitos que hacen allí, y ya me dicen a mí:

  • ¿Qué tienen ustedes en su tierra don Enrique?

  • Pues, una gente que acaba de llegar ‘orita que están entrando a caballo y van gritando viva Cristo Rey y Florentino Montoya -dije- no sé qué gente será, eso van gritando.

  • Y qué... y usted va a ver.

  • Pues sí voy a ver.

  • Pero hombre don Enrique [en tono de asombro] pues qué pasó con usted, ya ‘tando aquí afuera, se va usted a meter a la lumbre, no señor -dice- ya no entre, pues ya usted está aquí fuera.

 

Ellos ya sabían que aquí éramos ejidatarios, porque aquí en Guanajuato San Pedro el Viejo fue el primer ejido que se dio en el estado de Guanajuato, este pueblo vecino, San Pedro el Viejo.  Y ya dije yo “pues sí dicen bien estos señores”. Ya solté mi caballo que tenía allí dándole de comer la alfalfa, me lo monté y ahí voy yo a avisar a don Pedro de Julián, que era el presidente de la Liga de Comunidades Agrarias aquí en el estado, y ya me monte en el caballo y ya iba yo caminando por la vereda para llegar a la crucita cuando "polvearon las balas" yo iba a caballo y me ‘taban tirando de aquí del Cuicillo, de aquí de lo alto.

 

AM: ¿En dónde está?

 

CR: En lo alto, en las peñas

 

AM: En unas peñas aquí atrás del pueblo.

 

EA: Sí enfrente de esas peñas, allí está el Cuicillo y allí había gente, allí era donde estaban los de aquí del pueblo. Aquí no se presentaron los de aquí del pueblo, allá estaban, para la hora en que aquellos llegaron.

 

CR: Sí, hicieron su plan de ataque mandado gente allá a las Peñas y otra entró aquí a la población.

 

AM: ¿De los cristeros o de los...?

 

EA: De los cristeros. ¡Ya tenían su plan bien formado!... donde que ya vi eso, pues ya ‘ora sí ya me dirigí a pie y solté el caballo, ahí lo dejé... en fin llegué a la presita, y llegando yo a San Pedro ‘taban saliendo de misa primera, ese día era un día domingo, y aquí los balazos. Entonces, me dicen a mi:

  • ¿Pues que tiene usted en su tierra don Enrique?

  •  Pues, allí cayó una gente gritando que viva Cristo Rey y un Florentino Montoya.

 Y ya, yo esos gritos oía, que se oían las patadas de los caballos a la hora que entraron y pues ya iban por la calle. Antonces, me dicen a mi, me dicen: “Mire váyase a ver a don Pedro de Julián y nosotros aquí vamos a darles auxilio” los de San Pedro que iban a venir aquí a darnos auxilio, aquí nuestros compañeros ejidatarios. Ya me fui. Llegué yo a casa de don Pedro, y ya andaba allá así afuera verdad, ya que le dije yo a la que iba, lo que ‘taba pasando aquí, cuando llegó Herculano García trás de mi...

 

AM: ¿Quién era Herculano García?

 

CR: Un ejidatario de aquí, él ya sabía bien como estaba el asunto.

 

EA: Herculano García dice: "ya al comisariado ya lo mataron, ya está muerto allí enfrente del templo, allí le aventaron esos señores y lo mataron, allí estaba tirado, ¡yo lo vide!  por eso me vine". Y ya entonces le dice don Pedro de Julián al chofer, tenía carro:

- ¿Tiene ahí gasolina para carro?

- sí – dice - anda bien.

-Sácatelo y vente.

Ya se fue el chofer verdad y sacó el carro ya... "súbete”, ya nos fuimos, y se iba a ir Herculano con nosotros y le dice: “usted aquí se queda, nomás me voy a llevar a don Enrique, ¡a ver a mi general a Celaya!”. Llegamos derecho al cuartel, ya el general ‘taba en su oficina ya ahí en su máquina haciendo ahí unos papeles, ya que saludaron ellos, ya se conocían, a mí no me conocía el general don este....

 

CR: Genovevo Rivas.

 

AM: ¡Genovevo Rivas se llamaba!

 

EA: Ya que le dijo don Pedro de Julián al general que yo era el que había ido a su casa a avisarle y de allí nos habíamos ido a verlo a él. Y ya se paró el general que ya dejo allí la máquina, sus papeles que tenía en la máquina y llegó a la puerta del cuartel y le dijo ahí al que estaba ahí, al centinela: “tóqueme reunión”, ya el señor ese bajo su [inaudible] que tenía ahí en la puerta y tocó el primer toque de reunión, y de ratito otro y luego de ratito el otro, dio tres, y ya en el último toquido que dio ya llegaron unos soldados hasta corriendo, estos han de ver andado retiradito porque corriendo, ya allí que llegaron ya se metió con dos pa’ dentro y allá les dio la orden a ellos a que... me conocieron tal vez a mí que yo había llevado esa parte y don Pedro de Julián. Ya que se juntaron artitos ya le habló a uno de los choferes que manejaban una troca grande, le dice: “usted se va a Apaseo el Alto, se van con este - que era yo - con este muchacho a una comisión de allá”. Pero ya ellos allá hablaron cuando se jue a hablarles. Ya había dicho aquí, ya viene don Pedro de Julián, presidente de la Liga de Comunidades Agrarias de aquí del estado de Guanajuato y ya hablé yo con él. Pues, ya haber cuántos, parece que fueron quince, unos quince se subieron ya armados y todo. Y ahí venemos, aquí paramos aquí en la casa del difunto Guadalupe Serrano en la calle. Y ahí se bajaron...

CR: En la entrada de la Población.

 

EA: En la entrada. Y ya agarraron la calle pa’rriba y al llegar aquí a las cuatro cuadras me dicen:

  • Hasta ‘onde vive el comisariado ejidal la calle.

  • Vive en el jardín señores, enfrente del.… ahí en el jardín tiene su casa.

  • Pues vámonos para allá.

  • Vámonos.

 Llegando a la casa ya estaba el señor tendido con sus velas, ¡y él solito, no había nadie más que él ahí!

 

AM: ¡Nadie estaba con él!

 

EA: Nadie estaba con él nomás él tendido con sus velitas así. Ya vide yo que le dio vuelta...” vámonos”, ya nos salimos pa' fuera, y ya le dijo el que venía, creo que era capitán:

  • Y ¿pa' ‘onde ganó esa gente señor?

  • Aquí ganaron pa' arriba señor.

  • Y son artos.

  • Sí son artos -dice-.

 

Fin de fragmento

Cristiada

Testimonio: Ma. Sóstenes Araujo Mares

         Lugar: Mineral de la Luz, Guanajuato

         Fecha: 17 de agosto de 1993

         Recopilación: Martina Carrillo Carrillo y Jorge Sotelo Cortés

         Transcripción: Ma. Georgina Escoto Molina

Martina Carrillo Carrillo

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato.

logo lab bicapa 3db.png

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato.

 

[Fragmento]

 

MC: Sí. ¿Desde cuándo inició la guerra cristera?

 

MS: En el veinte… como en el veintisiete, porque mi mamá murió en el veintiocho, en el veintisiete.

 

MC: Es cuando empezaron a venir aquí, sí. Nos quiere contar más o menos cómo pasó todo eso, ¿se acuerda de los cultos cerrados?

 

MS: Sí, pos entons fue cuando los cultos cerrados, que andaban persiguiendo a los padres. De aquí nos fuimos a León, cuando él murió, mi papá en el veintiocho era cuando entraron los cristeros a León ¡y mataron muchos padres en el jardín!

 

MC: ¿Quiénes los mataron?

 

MS: Los cristeros.

 

MC: ¿Los cristeros, a los del gobierno?

 

MS: El gobierno, y entons era cuando había muchos cristeros que andaban queriendo apaciguar la… Entonces hasta corrió la sangre en León, en el jardín, del gobierno, y ya dispués nos vinimos y ya se fue calmando.

 

MC: ¿En qué fecha se regresó usted aquí? ¿Luego, luego?

 

MS: Luego, luego, no duramos en León.

 

MC: ¿Usted se acuerda cuando los cristeros pasaron por aquí?

 

MS: Sí, pos aquí pasaron.

 

MC: ¿Usted los vio?

 

MS: Yo andaba ya, estaba yo grande cuando pasaron de los cultos, que pasaron por aquí los cristeros.

 

MC: ¿Qué querían los cristeros? ¿Por qué pasaban por aquí?

 

MS: Pos ellos querían apaciguar, todos querían apaciguar de los cultos, y el gobierno… ¿Pos ónde iban los criste…? ¿Ónde iban apaciguar los cultos ellos? Hasta que agarraron aquí a Calles fue cuando ya supe, fue cuando ya se calmó la revolución, fue cuando los cultos volvieron otra vez a abrirse.

 

MC: Sí. ¿Nos quiere contar de cuando los cultos estuvieron cerrados? ¿Cómo pasó aquí en La Luz? ¿Cómo se dieron cuenta de que los cultos estaban cerrados o…?

 

MS: Porque perseguían al padre, al señor cura.

 

MC: ¿A cuál padre? ¿Qué padre…?

 

MS: Alejo, Alejo Rocha era el que estaba.

 

MC: Alejo Rocha.

 

MS: Y lo querían matar el gobierno y jue cuando se echaron a juir y por onde quiera, por onde quiera. Por eso se dio uno cuenta que estaban los cultos cerrados, no había padres en ninguna parte.

 

MC: Y usted dice que una de sus hermanas se casó en esa fecha, ¿cómo estuvo la boda, a ver cuéntenos tantito?

 

MS: No pos la boda estuvo… a las tres le avisaron, taba pedida mi hermana, cuando el que iba a ser su esposo, un cuñado, no era huérfano, y un cuñado vino avísale a mi papá que a las tres de la mañana se iba, iban a casarlos, los que se alcanzaran a casar, porque ellos ya no iban a casar.

 

MC: ¿Los padres?

 

MS: Los padres, y jue cuando se casó mi hermana a las tres de la mañana, y ya de ai para allá los padres… el señor cura se fue.

 

MC: ¿Y todavía fue en la iglesia la boda?

 

MS: ¡Sí por última, fue la última boda que hubo en la iglesia! Y ya cuando ella, vino el primer niño, ya no, ya andaban por ai bautizando en las casas, por ai en los ranchos buscándolos.

 

MC: ¿A usted le tocó ir a una ceremonia, aparte de la de su hermana, a un bautizo o…?

 

MS: No ya no, cuando mi papá murió en el veintiocho, dijo el señor cura… Un tío que murió mío fue el que dijo que iba a traer al padrecito, al señor cura para que lo confesara, pero nadien lo vio, él llegó en la noche, nomás dijo que había dicho el padrecito, nomás dijo que se quedara el enfermo solo en la casa, y nadien lo vio. Él llegó y lo confesó y se volvió a ir a onde andaba pero no ya nadien… no nos dejaban verlos.

 

MC: ¿Y la gente qué pensaba de los cristeros doña Shote? ¿Usted qué pensaba de ellos?

 

MS: Pos uno chi… pos nomás pensaba que por qué perseguirían a los padrecitos ¿verdad?, pos era lo que uno decía, que por qué los perseguían. Y jue donde… cuando cerraron los cultos, jue cuando se levantaron los cristeros a querer… a pelear la religión. Pero lo mero grande de la religión ¿qué negociaban que aquí mataban padres y todo si lo mero grande estaba en México donde estaba el presidente que era Calles?

 

MC: A ver cuéntenos ¿qué quería Calles o…?

 

MS: Que no… era de esos que no creían en los… en Dios, por eso fue el que mandó cerrar los cultos, porque fue el presidente.

 

Jorge Sotelo Cortés [en lo sucesivo JS]: Y de aquí de la comunidad ¿nadie fue con los cristeros?

MS: No, de aquí nadien, verdad [mirando doña Asunción], nadie se levantó, ¡nadien! Aquí pos todos eran opereros de las minas, aquí no hubo, aquí nomás llegaban y pasaban, pero aquí no.

MS: Pos que andaba buscando que, al gobierno, ¿Ónde lo jallan por aquí?, porque hubo destacamento aquí de gobierno, estuvo en la torre, pero ¿Pos ónde los hallaban ya? Pos llegaban los cristeros aquí, ya el gobierno ¿dónde lo encontraban?, no ya no. Cuando estuvimos en León es cuando les digo que estuvimos viviendo allá, entonces el gobierno ¡ah como mató de padres en ese León!, ¡hartos!

MC: ¿Llego a ver algún, no sé, cuando mataron algún padre o…?

 

MS: Pos antonces vivíanos en León, pero uno no salía, uno estaba dentro ¿verdad?, cuando nomás que estaban en el jardín, corrió la sangre de esos padres. Y por eso de allá luego, luego que dijeron: “¿Pos qué estamos haciendo? ¡Vámonos pa nuestra tierra!” Fue cuando salimos. Entons ya no hemos vuelto a salir, aquí estamos ya y aquí, aquí nos estamos hasta que nos… [Se queda pensativa y mira al cielo].

 

MC: ¿Y se acuerda usted cómo andaban vestidos los cristeros, qué traían así de [de ropa]?

 

MS: Pos los cristeros todavía andaban de calzón y camisa con sus carrilleras y sus sombreros grandes.

 

MC: ¿Qué traían en los sombreros?

 

MS: Anchos grandotes y sus carrilleras por onde quiera, y camisa de manta.

 

MC: ¿No traían una imagen de la Virgen de Guadalupe?

 

MS: Nomás un estandarte era el que cargaban ellos, y era lo que gritaban cuando llegaban: ¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!

 

MC: ¿Era lo que gritaban?

 

MS: Sí, pero ellos no traían imágenes, ellos… ¿verdad que no? [Se dirige a doña Asunción]. No, no traían. Ya le digo, eso fue.

 

MC: Sí. Y a la iglesia, ¿no se metían los cristeros?

 

MS: El que estuvo fue el gobierno: destacamento, pero no, no hizo ningún, ningunos males al templo, no, eso sí que no. Y cuando el padrecito ya llegó, que ya se arregló, aquí estuvo el señor cura hasta que murió, hasta que ya [ve nuevamente al cielo]. Pero a ese fue al que le tocó andar por ai huyendo, al padre Alejo Rocha.

 

MC: Sí. Oiga y este, ¿llegaban a aprovisionarse aquí de alimentos los cristeros?

 

MS: Pos a los saques de las tiendas, era lo que sacaban, pero aquí otros males, nomás sacaban de las tiendas y se lo llevaban, en las casas nunca hicieron nada.

 

MC: ¿Nunca hicieron nada?

 

MS: No.

 

MC: ¿Y si pagaban?

 

MS: Pos hay no, no, ¡qué iban a pagar!, fue cuando se vino también que ya se atrasó, pos echarles maíz a los caballos, a todo. No, ¡qué iban…! pero en las casas no…

 

MC: ¿Nunca hicieron nada?

 

MS: No, nunca, nunca, los cristeros no hicieron males.

 

MC: Sí. Oiga y este, ¿usted, este, se acuerda cuando dinamitaron la primera… monumento al Cristo?

 

MS: Mire, cuando estaba Cristo Rey, que íbanos a verlo, estaba abajo onde está la ermita no allí, pero estaba más para allá y era Cristo Rey grandote. Era de canterita, grande que estaba. Onde vinieron, yo ya estaba casa… no, tovía no me casaba, onde vinieron esas gentes, como esos que no creen, y le echaron pólvora y lo destruyeron. Abajo estaban unos jacalones grandes de tanto milagro, y jue cuando lo destruyeron, lo despedazaron.

 

MC: ¿Le pusieron dinamita?

 

MS: Pa despedazarlo, pero era de canterita. Mucha gente… Su cabecita de él estuvo [ve hacia arriba queriendo recordar]… lo íbamos a ver con una señora que se llamaba Camila, yo tovía ni me casaba, estuvo aquí en… onde era Pancho Amador, cómo se llamaba, en San José de Gracia ai lo tuvieron, ai lo recogieron, su pura cabecita gran…

 

[Fragmento]

 

Allí estuvo su cabecita y le hicieron como una iglesita en su casa de don Pancho Amador, ahí lo íbanos a ver, pero dispués el clero de León la recogió. Y lo que había eran pedacitos de sus… así de su cuerpecito había muchos, y ya después dilataron, fue cuando mandaron hacer este que pusieron arriba, pero ese, el otro no estaba arriba, era abajo. Jue cuando… Y decían, pero ahí sí, que de los que lo mataron iba uno para abajo caminando y ahí luego, luego se mató, o lo matarían, pero quién sabe qué fin tendrían los que vinieron a tumbar a Cristo Rey. Pero estaba muy lindo, muy grandote.

 

MC: Sí.

 

MS: Sí, ahí estaba él, eso sí me acuerdo.

 

JS: Y aquí en la comunidad, ¿cómo vieron eso de que cuando dinamitaron el Cristo? ¿qué se decía?

 

MS: Pos luego, luego se supo que ya habían tumbao a Cristo Rey, y fuimos, pos como está pos sí nos fuimos a ver. Nomás fuimos a ver como estaba, ¡ya dispués! fuimos a ver de tiempo como… donde lo había destruido todo, donde lo tumbaron, pero eso sí, ¿quién los haiga mandado, quién lo tumbara?, quién sabe. Por eso se dio cuenta luego, luego que habían tumbado a Cristo rey, y ya dispués siempre dilató para hacer este monumento y poner este que está.

 

Voz: Dicían que estaba un volcán.

 

MS: Estaba un volcán, arriba. Dicen que poniendo un sombrero en el… así [señala el piso] en un abujerito lo alcazaba allí el aigre, y por eso ai lo pusieron a él, ahí está él. No, pero fueron muy ingratos, taba muy bonito abajo, ¡tenía de milagros!, eran jacalones de lámina onde estaban por fuera, ¡y quén sabe!, porque ai en La Montaña todavía estaban aquellos como loquitos, porque esos ai vivían de todo el tiempo, y ai taban unos señores y todavía dicen que vive uno. Allí onde lo tumbaron hizo uno, una laminita y allí asistía ese señor cuidándolo, y todavía vive uno.

 

Fin de fragmento

Cristiada

Testimonio: Ángel Rodríguez León

         Lugar: Los Rodríguez, Silao, Guanajuato, México

         Fecha: 4 de septiembre de 1993

         Recopilación: Martina Carrillo Carrillo

         Transcripción: Fátima del Rosario Aguilar Mata

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato.

logo lab bicapa 3db.png

[Fragmento]

 

Ángel Rodríguez León [en lo sucesivo AR]: Cuando los cultos se cerraron, es que…

 

Esposa: ‘tabas chiquillo.

 

Martina Carrillo Carrillo [en lo sucesivo MC]: ¿Cuántos años tenía usted? No, ya estaba grande señor...

 

AR: No, ya era...

 

MC: Ya tenía unos 18 o 17 años.

 

AR: Tenía como unos 16 por ahí.

 

MC: Tenía usted 16 años ¿y se acuerda de haber visto alguna vez a los del cerro, a los cristeros?

 

AR: ¡Nooo!, que se iba a [inaudible]… pos ahí andaban por adentro del cerro…

[Interrupción]

 

MC: Oiga hace rato usted nos estaba contando de porque se cerraron los cultos, ¿si nos quiere contar otra vez lo del presidente Calles cuando mando llamar a los sacerdotes?

 

AR: Cuando, le estaba yo diciendo a estas personas, que cuando Elías Calles cerró los cultos, porque él fue el presidente, él juntó a según yo oyí decir, no porque uno casi no, no se informaba de eso, mandó llamar a todos para que, para casarlos, eh, que se casaran. Así están en Estados Unidos todos los sacerdotes y pa que se casaran, para que no estuvieran engañando a la nación eh. Y fueron y no quisieron los sacerdotes que, que... pos que se casaran de plano. Entonces ‘taban diciendo que ustedes van a ser castrados [risas] y luego pos que en la noche pos ‘taba allí en gobernación ya ve pos como ‘tá grandísimo y estos le pagaron al portero porque les dejara pelarse. Así platicas que me contaron, se salieron y así es de que a quién capaban, [risas] no se dejaron capar [risas].

 

MC: Oiga, ¿y por aquí nunca pasaron los del cerro, por este ranchito?

 

AR: No, no.

 

MC: Nunca pasaron

[Interrupción]

 

MC: ¿O algún sacerdote que haya llegado aquí a pedir comida o algo?

 

AR: No, no, tampoco, allá, pa’cá no bajaban por lo mismo que estaba el gobierno aquí en Silao, pos como mucho gobierno. [Inaudible]

 

MC: ¿Esos si los vio usted?

AR: Y les digo yo no soy del gobierno, por eso no querían bajar, que por eso no quieran bajar, por el gobierno que estaba en Silao. Esos por ahí andaban entre la sierra, eso es lo que yo sabía, que los cristeros, que los cristeros, hasta los corridos de los cristeros hay.

 

MC: Sí, ¿y usted no se sabe algún pedacito o algo de los corridos?

 

AR: ¡Nooo!, qué corridos, yo sí, este, porque yo bajaba al pueblo a dar la vuelta al pueblo y oyía yo según, este, que cantaban algunos corridos de los cristeros, pero no. Pa’ eso sí tuve muy buena memoria pa’ no aprenderlo [risas]

[Interrupción]

 

MC: Oiga, ya ve que estaban los cultos cerrados, ¿usted iba a misa alguna parte?

 

Esposa: Pos ónde iban a ver, si no había misa

 

AR: No, aquí no había misa.

Esposa: Pos cuál misa, yo sé por mi suegra que dice que estaban los cultos cerrados.

 

AR: Estaban los cultos cerrados

 

Esposa: Y no había misa y ni había nada.

 

AR: Mi jefe a veces vendía aguamiel, iba yo con él pa’, porque ya estaba impuesto uno vedá, que estaban aquí venían los sacerdotes pos a decir su misa, y hasta eso ya cuál misa, ya cuándo venían, entonces iba con él, así como le digo, me daban un pan…

 

MC: Ajá, aunque estaban los cultos cerrados a veces los padres a escondidas daban misas, bautizaban, casaban, por eso les pregunto si no se…

 

AR: Pero aquí no hacían nada de eso, aquí en los alrededores no.

 

Esposa: Dicen que su hermana Nicasia se bautizó creo que más pa’llá de Cuevas, por allá arriba.

 

AR: Por allaaaá.

 

MC: Muy escondido.

 

Esposa: Muy escondido, dice mi suegra que…

 

AR: Por lo mismo que estaba cercas aquí el pueblo, por eso…

 

Esposa: Más lejos...

 

AR: ¡Noo!, y duraban un día o dos con el fin de bautizarse algunas personas.

 

MC: Oiga señor, entonces yo creo que usted sí se acuerda cuando bombardearon el Cristo Rey.

 

Esposa: No pues cuando bombardearon Cristo Rey yo estaba chiquilla, yo estaba chiquilla, así chiquilla yo aquí estaba, teníamos un basurero de puro istiercol, de pura basura y empezaron. Nomás se vino la fumadera en la montaña, eso sí vide, que ‘taba chiquilla yo. Pero sí me acuerdo, él también.

 

AR: Nosotros nos fuimos al cerrito que a dar el santillazo del gobierno.

 

Esposa: ¿Cómo se miraba?

 

AR: No se miraba, lo que sí se vido fue cuando le pegaron las bombas, que aventaban los pedazos de cantera, eso sí, como allá en el cerrito se vio muy poco...

 

Esposa: Pues así allá en el cerrito, cuando yo nomás miraba la fumadera, cosa aquí en el rancho, fumadera arriba de un basudero: “vamos a ver”, dicía. Yo estaba chiquilla y nomás se miraba la fumadera.

 

MC: Y entonces no… ¿Y ustedes… después no fue por allá a ver dónde… cómo había quedado el Cristo, ni nada?

 

AR: Y que fuera a ir a ver uno, pues sí el gobierno mandó bajar toda la gente de los ranchos, hay no estaba refugiados en los ranchos acá abajo, otros en el pueblo allí en Silao, así es de qué modo…

 

MC: ¿Estaba asustada la gente?

 

AR: ‘Taba asustada la gente, y la gente que estaba en el cerrito y miraban a Cristo Rey que…

 

Esposa: Que nada más se veía la fumadera, yo estaba chiquilla, yo no lloraba…

 

AR: Los de aquí también, se miraba, se aventaban pedazos de cantera

Fin del fragmento

Cristiada

Testimonio: María de los Ángeles Ruíz

         Lugar: Moroleón, Guanajuato, México

         Fecha: 6 de septiembre de 1993

         Recopilación: Ada Marina Lara Meza

         Transcripción: Ada Marina Lara Meza   

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato y locuciones en lengua extranjera.

logo lab bicapa 3db.png

[Fragmento]

 

Ada Marina Lara Meza, [en lo sucesivo AM]: Y lo que me platicaba hace ratito de los cultos, me dice que no cerraron el templo y que celebraban los sacerdotes en la casa de esta señora Chonita y de la familia Figueroa. Mi abuelita me había platicado de los ejércitos que hicieron del ejército de Cristo.

 

Antonia [en lo sucesivo Antonia]: Usted dígale bien, porque yo pertenecí a eso y me llamaban, nos llamaban a todas; y se vienen a las cuatro de la tarde tal día. Y yo no sé eso qué, qué cosa representaba.

 

María de los Ángeles Ruíz [en lo sucesivo MA]: Era asociación, asociación. Para enseñar a los niños, instruirlos en le religión, [pausa], bendito sea Dios, que Dios nuestro señor nos dio licencia y que nunca les dieron licencia de cerrar.

 

Antonia: Angelita, y yo me acuerdo que, al doctor Baltazar porque lo mataron, porque yo me acuerdo que decía la gente mi apá y las personas grandes, mi ‘amá y ellas, decían: ¡ay tú que mataron al doctor Baltazar que lo sacaron de su casa a tales horas a medianoche o no sé qué! Como sería eso Angelita, ¿uste’ no se acuerda?

 

MA: Si, es que era de los Caballeros de Colón. Por eso, le quitaron también la vida, [pausa].

 

AM: ¿El ayudaba al templo, o que hacía Carmelita?

 

MA: Esos, esas personas pos' eran como defensores también en ese tiempo.  De la religión, defender la iglesia.

 

AM: ¿Y quiénes lo mataron?

 

MA: Pues contrarios, eran de otro lado. Contrarios pues que, que también no quería que defendiera a la religión. También los contrarios de la religión.

 

Antonia: Que no querían que siguiera la religión aquí en Moroleón, porque siempre ha sido muy católico Moroleón, y no querían que se extendiera más vaya, querían tratar de apagarla aquello, pues no me viene la palabra propia, y eso trataban de deshacerse de todos esos que hacían por la religión, y yo creo en eso consistió que mataran al doctor Baltazar, porque él trataba de, pues de que subiera y subiera, pero pues no lo dejaron. Y a todos, a varias personas que eran así, que hacían por la religión, que hacían por, pues si no les caían a los contrarios no querían eso y se deshacían de ellos.

 

 MA: Pues sí, no fue que vimos tanta cosa, tanta cosa que válgame, Dios como se sufrió.

 

Antonia: Yo tengo idea que la gente de aquí de Moroleón se iba allá al cinco, al Jinete, por allá se reunían, yo porque pues chiquilla con mi mamá y con mi papá y así varias personas iban así con sus niños, y este iban y allá se reunían, y luego se venían desde cantado y rezando y rezando y cantando y rezando a entrar al templo, pero yo no me acuerdo si el templo estaba abierto o no podía uno entrar, pero se quedaba allá afuera, pues pidiéndole a Dios que los ayudara a que no cerraran templo.

 

 

 

MA: No, el templo no lo llegaron a cerrar, venía la gente en peregrinaciones que se hacían entonces de distintas partes, en desde aquí hasta Yuriria, se iba la gente a hacer peregrinaciones a pie, rezando y cantando, en tiempo que ya había pasado la persecución, la persecución. Como todavía no había ni carretera, y sí. Toda la gente la hacíamos por desagraviar a Nuestro Señor. En desagravio, se hacían a Piñícuaro, se hacían a Huandacareo, peregrinaciones, yo me acuerdo que una vez, íbamos a una peregrinación a Piñícuaro e íbamos aquí por la Soledad, y me caí, en tiempos de aguas había bastantes agua ¡y me caí y me ensopé! toda la ropa, se me secó en el camino, las peregrinaciones eran para eso, en desagravio. Ya había pasado el problema, las gentes en esas peregrinaciones iban a desagraviar a Dios. Pero ya te digo, ¡aquí no llegaron a cerrar! En otras partes sí, pero aquí ¡de día y de noche estaba la gente cuidando la puerta del templo!AM: ¿Quién cuidaba Angelita? ¿Cómo se repartían para cuidar el templo, le puerta?

 

MA: Ah, pus' las personas unas a unas horas y otras a otras. Hombres y mujeres y no se retiraba ni de día ni de noche.

 

AM: ¿A usted le toco hacer guardia?

 

MA: Si.

 

AM: ¿Usted sola a había más gentes?

 

MA: No sola no. Eran grupos de bastantes gentes. De más de cien personas estaban allí al pendiente para si querían cerrar. Decían que primero morir, pero no habían de cerrar.

AM: ¿Y cuánto tiempo estuvieron haciendo la guardia?

 

MA: Eso si no me acuerdo. No me acuerdo cuánto tiempo, para que te digo.  Ya te digo que yo me acuerdo muy bien de esa vez, yo tenía todavía y oyí el gritadero de gente, es que ‘bían venido a querer cerrar el templo, y oyí el gritadero, pero yo dije ya, los estarán matando o que les estarán haciendo. ¡Pero yo más corría a quería llegar! no me dio nada de miedo. Quería llegar a ver porque gritaban y porque lloraban. No, no me acuerdo cuántos días o como sería no me acuerdo para que, pus' ya se olvida.

 

AM: Y ¿el que lo quería cerrar era esta persona que me dice que era el presidente municipal?

 

MA: Es que era por autoridades, los mandaban y ellos, ya estando en el puesto, pues tenían que obedecer. Aunque no quisieran pues ellos hacerlo verdad, pero les mandaban a que tenían que cerrar el templo, y él, aunque haya sido el presidente de aquí, pos' por temor de los paisanos de aquí de su pueblo y por temor del gobierno que le fuera a ir mal si no ejecuta las ordenes, verdad, pues él ha de haber estado pues, pero que hacía si lo mandaban de por allá, pero pus' tuvo que decir que, que tendría que derramar mucha sangre porque era mucha la gente que estaba, que se oponía a que lo cerraran. Y por eso tal vez que tampoco le hicieron nada a él ni lo perjudicaron, porque no lo había cerrado porque pus' se dieron cuenta la, la gente la oposición de la gente. Si, que decían que primero moríamos, pero no cerraban el templo, y no, no hubo culto, ni un sacerdote porque los sacerdotes los perseguían a muerte.

Fin del fragmento

Cristiada

Testimonio: Pedro Rodríguez Navarro

Lugar: Los Rodríguez, Silao, Guanajuato, México

Fecha: 11 de septiembre de 1993

Recopilación: Martina Carrillo Carrillo

Trascripción: Martina Carrillo Carrillo

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato y locuciones en lengua extranjera.

logo lab bicapa 3db.png

[Fragmento]

 

Martina Carrillo Carrillo, [en lo sucesivo MC]: Señor Pedro, nos quiere decir su nombre completo y los datos de su nacimiento y de su familia, por favor.

 

Pedro Rodríguez Navarro, [en lo sucesivo PR]: Pues, mi nombre completo es Pedro Rodríguez Navarro, nací el catorce de marzo de 1918.

 

[Fragmento]

 

MC: ¡Estaba aquí en Guanajuato! A ver si, nos quiere contar un poco por favor, de lo que usted recuerde de ese suceso.

 

PR: ¿De la Revolución Cristera?

 

MC: Sí.

 

PR: Pues según tradición… empezó la Revolución Cristera en el estado de Jalisco en los Altos, San Julián, Jalisco, San Miguel el Alto, en Arandas, Tepatitlán, Jalostotitlán, San Juan de los Lagos… Y entonces, el General Calles persiguió a los sacerdotes, los orilló de tal manera que ni en la conspiración…

 

MC: ¿Por qué los perseguía, por qué fue el motivo de la persecución contra los sacerdotes, el motivo de Calles?

 

PR: Porque no se dejaban ejecutar la ley del Seis de Enero de 1915, que creaba ya la cuestión agraria. Entonces en México los sacerdotes, los mismos sacerdotes empezaron a decirlo en el púlpito, en sus sermones, el que quisiera tierra lo iban a colgar, le iban a poner un costal de tierra colgado en los pies, esa era la tierra que les iban a dar, y que no querían la escuela laica.

 

MC: ¿Los sacerdotes?

 

PR: Los sacerdotes de Jalisco se vinieron en ese tiempo algunos, y habitaron en la ex Hacienda Cerritos.

 

MC: ¿Dónde está ubicada la ex Hacienda de Cerritos?

 

PR: Está ubicada a dos kilómetros de Silao, una posición más o menos de Silao al noreste… ¡el sureste!... En 1936 en La Sauceda hubo un combate entre cristeros y el gobierno.

 

MC: Si.

 

PR: Hubo algunos muertos del ejército los sepultaron en el panteón en Silao, en una fosa común; ahí lesionaron al entonces capitán que murió siendo mayor, Macario Teniente de León.

 

MC: ¡Macario Teniente de León!

 

PR: Entonces, cuando sale Calles de la presidencia de la república entra Emilio Portes Gil. Entonces Emilio Portes Gil fué y habló con el Vaticano, y cesa la…

 

MC: ¿En 1929?

 

PR: No.

 

MC: ¿Cuándo?

 

PR: En 1927, cesa la cuestión de la Revolución Cristera veintisiete ó veintiocho, pero después de que Emilio Portes Gil, habló con el Vaticano. [Inaudible]… la situación que prevalecía en México, que prácticamente pues La Revolución Cristera

 

 

 

no le hizo más que… Michoacán, Jalisco y Guanajuato. Porque en los demás estados de la república nunca se oyó decir nada… la Sierra de Guanajuato no, puede ser la Sierra Madre Central cómo se llame, pues era la habitación de los cristeros, de los alzaos.

 

MC: Si ¿por qué cree usted que solamente en estas zonas que nos acaba de comentar, haya sido la levantada, la sublevada?

 

PR: Porque en ningún otro estado de la República se oyía decir nada; más que aquí Michoacán, Jalisco y Guanajuato.

 

MC: Aja, si…

 

PR: En ese tiempo, era cardenal David Rivera en Guadalajara, y aquí en León era obispo el doctor Emeterio Valverde y Téllez.

 

MC: Valverde y Téllez sí… nos estaba usted hablando de que los sacerdotes, no estaban en favor de la repartición de las tierras, del agrarismo digamos, ¿por qué cree usted que no estaban los sacerdotes de acuerdo?

 

PR: Porque estaban unidos con los hacendados, y al estar unidos con los hacendados… vamos recordando aquella Bula de Alejandro VI rey de España de 1496, en que ya había formas de repartimiento ya había ejidos y fue la base que tomó, para decretar la ley agraria del Seis de enero de 1915, en Veracruz. Cuando aquel don Manuel [inaudible] que era obispo de Michoacán.

 

MC: Si.

 

PR: En el siglo pasado, según datos recabados de Alejandro de Humboldt, aquel sabio alemán, alcanzó a descubrir que las cuatro quintas partes de la propiedad territorial estaba en manos del clero, ¡sí! Entonces propiamente el ejido vino creándose para terminar con los latifundios. Entonces, los latifundios los componían casi los españoles; recordamos por ejemplo hay un Tuxpan, Veracruz; un Tuxpan, Michoacán; y un Tuxpan, Nayarit, entonces, esos tres Tuxpan, eran de un solo español ¡sí! entonces había un acaparamiento o sea tres municipios eran de un solo individuo.

 

MC: De uno solo.

 

PR: Entonces, a raíz de eso se empezó a hacer el Movimiento Agrario para repartir las haciendas.

 

MC: Sí, entonces a la Iglesia le afectaba.

 

PR: Entonces la Iglesia como está de acuerdo con el clero. No vamos a desconocer que la Iglesia pos’ es buena porque debe encaminar a la salvación, ¡el sacerdote! Pero ya en esos casos estaban fuera; claro el sacerdote, el ministro y todo lo demás que se dedica a predicar para la salvación, no entran al fondo, no entran a las entrañas del hombre, es superficial la situación en que se encuentra. Porque la salvación se puede conseguir; por medio de buenas obras lo que no se hacía, ya no digamos en la actualidad, pos’ en la actualidad, pus’ ya hay sacerdotes de la nueva ola que se dedican a bailar rock and roll y todos esos detalles.

 

Fin de fragmento

Cristiada

Testimonio: Vicente Castillo

         Lugar: Apaseo el Alto, Guanajuato, México

         Fecha: 6 de septiembre de 1993

         Recopilación: Ada Marina Lara Meza

         Transcripción: Ada Marina Lara Meza

Este testimonio oral pertenece a la serie procesos políticos contemporáneos. Forma parte de la sub serie cristeros, uno de los temas fundacionales que el Laboratorio de Historia Oral (LHO) abordó durante el año 1993.

   En él se utiliza una metodológica para interpretar y explicar la historia del pasado reciente. Específicamente observa el punto de vista de algunos actores inscritos en los movimientos sociales y en el proceso político de la post Revolución Mexicana, en la región central de México. 

   La saga de testimonios corresponden al movimiento cristero, que se desarrolla a partir del año 1926. Con motivo del centenario de la Cristiada, la Universidad de Guanajuato a través del LHO, presenta una selección de fragmentos testimoniales extraídos de nueve testimonios de personas que formaron parte de dicho movimiento social, político y religionario. Puntos de vista diversos en torno a la lucha armada entre el Gobierno federal y el pueblo católico.​​

Nota: El testimonio completo se encuentra abierto a consulta en el Laboratorio de Historia Oral de la División de Derecho Política y Gobierno de la Universidad de Guanajuato, Campus Guanajuato.

Las palabras que aparecen en cursiva son modelos lingüísticos que corresponden al habla popular del estado de Guanajuato y locuciones en lengua extranjera.

logo lab bicapa 3db.png

[Fragmento]

 

Vicente Castillo [en lo sucesivo VC]: Si, le hacía uno señitas verda’ y ya la muchacha contestaba verda’, si no contestaba pus' nomás nada. Entonces pues ya joven, ya pa' casarnos, vino la cosa de… se decía desde antes que, que iban a venir los mentados cristeros verda’, a matar a los ejidatarios, a perseguirlos, y se comentaba eso de antes pero nunca se llegaba el día de que ya se llegara ese día, hasta que llegó el día en que sí vinieron. Fue un día 2 de enero de 1927 que nos asaltaron aquí los, los cristeros. Se juntó mucha gente de los ranchos verda’, y gente de aquí del pueblo verda’, entre todos se hizo un grupo grande más de unos cien. Entonces, ahí me dijeron mañana como a las seis de la mañana, siete, entre seis y siete más o menos.

Yo tenía mi novia ahí por 16 de septiembre con la que por fin me casé, y entonces los padres no celebraban las misas en los templos, las celebraban en las casas verda’, para que no los... o sea que creo que había permiso de que cerraran los templos creo yo, y me mandaron a mí a misa y me vine a misa; entonces la misa la aplicaban acá en, en ahí en ‘onta el teléfono es ‘ora verda’ (preguntándole al cronista) el teléfono y yo en vez de ir a misa me fui  a ver a mi novia, vivía pa’ca y la encontré en la esquina, ya iba entonces a ver si venía mi novia cuando oigo una caballada que iba este... ¡No! antes de eso, de oír la caballada vi a su papá el profesor, él era el... le decían en ese tiempo comisario, el comisario ejidal verda’, le decían el comité ejidal, él era del comité. Salió de su casa verda’ vivía allí en el [inaudible] venía para acá y ‘taba un señor allí en la esquina vendiendo carne, vendía carne, en una mesita vendía carne, todavía ni vendía todavía no había gente pero tenía su puesto de carne, allí, y llegó su papá del profesor ahí con él, yo no sé de qué platicaban pero platicaban, platicaron tantito y yo pus' los vi de allí, pero yo no sé de qué platicarían y ya miraba pa’lla pa’ lo que yo estaba pues abusao. Y en esto se descuidó pues don Lupe, se va don Guadalupe su papá del profesor, se despidió del señor que vendía la carne y ganó para arriba y en a unos dos tres minutos que se despidió oí una trocada de caballos allá pues allá arriba, en Allende se llama creo verda’ [preguntándole al cronista] la calle esa.

 

Cronista [en lo sucesivo CR]: Allí por donde salieron, la calle Insurgentes.

 

VC: Ándele.

 

CR: Y, y, y la calle donde iba hacia arriba esa se llamaba en ese tiempo la calle de Las Termófilas, ahora es 16 de septiembre.

 

VC: [Ríe] Ahora es 16 de septiembre. Entonces subí pa'rriba y mire una caballada corriendo y yo me fijé así para la calle esa, iban como unos cuatro o cinco de caballo corriendo, y como ‘taba empedrada la calle verda' pues se oía mucho ruido. Entonces, bueno pues don Lupe ganó para arriba, vivía como a unos treinta metros de la esquina donde lo... donde lo asesinaron, venían los de a caballo verda' y se hacían a un lao' pa' tirarle pa'rriba, le tiraron llegando a la esquina, le tiraron, sería uno o dos o tres, sabe cuántos serían, .

pero le tiraron balazos, porque hacían pa' un lao' los caballos pa’ bloquear, y yo alcance a ver a don Lupe que, [inaudible] a ver que hizo así la, la pistola así verda' no así,  ¡taz! y se cayó pa'tras, bueno al cayrse verda' ya sé que estos señores, ya tenían tiempo casi un

año o años, pero nunca llegaron a venir. Entonces yo lo vi que cayó, yo me fui pa' la casa, entonces yo vivía allá por donde está Tres Guerras a avisarle a mis padres verda', a mi padre y a mis hermanos lo que pasaba. Y encontré a un hermano que era del profesor que se llamaba Pedro que venía a ver esa cosa, y creo que algo han de ‘ber sentido, no [inaudible], no, me acusó, me acusó él, [inaudible] llorando, dice “mamá ya mataron a mi papá”Entonces salió este, otra hermana que se llamaba Petra o se llama, todavía vive, Petra se llamaba, y yo me acuerdo que llegué a la calle esa, allí a la esquina que está en el jardín y ya, este, ya vide el caballo que estaba en la casa de enfrente de mi casa, ya no tuve este valor de ir porque ya ve lo que había. Entonces bajé pa'bajo por la banqueta de donde vivía el profesor por su papá, y había un hermano allí verda' que se llamaba Pablo, también ya murió, era ejidatario, y cuando viene verda' oí que le dijo a Pedro, llorando verda' y lo que él le decía a su hermano, tuvo que salir a ver y sale y yo le digo a don Pablo:

¾ Escóndase porque ya andan ahí, ya anda ahí los cristeros.

¾ Y ‘onde.

 

Y le dije así verda' no, no le dije de otro modo pos me faltaba... pos tenía miedo yo creo también. Le dije: “ya mataron a su hermano y ya entonces” ya luego Pablo ya no salió se metió pa' dentro y ya salí yo, me fui por ahí corriendo a esconderme, y llegué por ahí por unas casas que están por ahí verda' pos ahí voy corriendo, y salí por unas peñas que se llaman el Águila, y espanta'o, yo p’us trueno y trueno y yo creía que cada trueno era un muerto que, que caíba verda', se oían balazos por todo el pueblo, unos [inaudible] por otra calle.

¡Y ai’ voy pa’l cerro a esconderme! Y ya ahí en el... yendo pa'rriba me encontré a unos que, que me rentaban la yunta, un señor que me rentaba la yunta, armaos, y no me hicieron aprecio ni yo a ellos, yo pasé y ellos también pasaron y ¡pus' iba espanta’o pa’ que digo que no, yo iba espanta’o, y yo pensé que me iban a decir algo, alguna cosa. ¡No!, no me dijeron nada, se vinieron ahí cruzaron un lugar ahí visible ¡ahí vi que allí estaban! Digo si yo los dos vi, me los encontré, pensé a ‘onde irán esos señores, y... ahí voy. Ya me encontré a unas señoras de ese mismo rancho, y me dicen:

¾ ¿A ‘onde va señor?

¾ Voy a la leña.

 

Entonces se usaba mucho que tráibamos leña verda'. No había gas como ‘ora que hay gas, y traíba una cobija que me habían compra’o mis padres nuevecita, estaba muy pesada y aquí doblada y voy pa'lla, pus' que me pegué con, con ellas a platicar con las mujeres...

¾ ¿Qué hay en el pueblo?

¾ No, dice, no hay nada.

¾ No, dicen que anda una gente que anda matando a la gente.

¾ No, no hay nada.

­¾ Pus', parece que si verda’, dice, nosotros vamos pa’lla, dice, pa’l pueblo, pero si     hay algo para mejor no ir.

¾ Pos no, les digo, yo no vide nada.

Y le dice una a la otra:

¾ Mejor no vamos.

 

Eran como tres, cuatro mujeres.

 

Fin del fragmento

  • White Instagram Icon

© Copyright 2018

Contacto

Dirección

Tel: +52 473 101 54 20 ó 21

Email: catedrapatrimoniogto@gmail.com

Lascuráin de Retana # 5

Guanajuato, Gto. México.

bottom of page